Una parte esencial de la vida en la hacienda ocurre en sus verdes y frondosos jardines que conectan todas sus diferentes áreas entre sí. Perderse en estos jardines acompañado de seres queridos se vuelve, casi inevitablemente, uno de los más entrañables recuerdos de nuestros visitantes.
Sobre ella se ve la fachada principal de la casa del encargado, sus cuartos y un bello prado que recorre toda la sección.
Frente a la ecléctica fachada de la Casa Principal, los Condes de Miraflores plantaron dos algarrobos y abrieron un estanque para sus patos. A un costado, se aprecia la Casa de Máquinas, donde hasta 1980 se desfibraba el henequén cosechado en las tierras de la hacienda y los ejidos vecinos.
En este costado se puede apreciar nuestra centenaria capilla, uno de los elementos más emblemáticos de la hacienda.
Este espacio evoca el gusto afrancesado de los dueños de las haciendas yucatecas durante la “Belle époque” y a la fecha continúa siendo una de las más bellas joyas de toda la hacienda.